Errores comunes en el diseño de un logotipo

Independientemente de los gustos y conocimientos que tengamos sobre diseño gráfico, todos percibimos inmediatamente y de forma natural cuando un logotipo no está bien realizado. Aunque no seamos muy conscientes de qué es lo que no funciona, o qué es lo que está mal, de forma inconsciente sentimos cierto rechazo y tendemos a valorar negativamente el resto de contenidos.

Por el contrario cuando el logotipo de una empresa funciona bien, prestemos más atención a los contenidos, y lo hacemos de una forma más franca y abierta.

A continuación te muestro los errores más comunes en el diseño de un logotipo. Asegúrate de no cometerlos y tendrás la base para construir una identidad visual de éxito para tu empresa.

1. Usar imágenes en mapa de bits en vez de vectoriales

Las imágenes en mapa de bits son aquellas imágenes que están formadas por agrupaciones de pequeños puntos llamados píxeles. El píxel es la unidad menor de color de una imagen digital. Las fotos que manejamos en nuestros móviles y en nuestros cámaras digitales son imágenes en mapa de bits. Su calidad viene determinada por el número de píxeles. A mayor número de píxeles mayor resolución y por lo tanto mayor calidad.

Al estar formadas por un número determinado de píxeles, cuando se escalan pierden calidad, lo que hace que se visualicen de forma borrosa y con los contornos dentados.

Sin embargo, las imágenes vectoriales son imágenes formadas por objetos geométricos (segmentos, polígonos, arcos. etc.) definidos a través de funciones matemáticas. Por lo que este tipo de imágenes se pueden ampliar o modificar sin que pierdan calidad.

Normalmente los logotipos se realizan con imágenes vectoriales, lo que permite modificar su tamaño sin riesgo a perder calidad.

Si tu logotipo está en un archivo en formato: BMP, JPEG, PNG o TIFF, estás trabajando en mapa de bits, por lo tanto en el momento que modifiques el tamaño original del archivo perderá calidad. También perderás calidad si generas un pdf en baja resolución para compartir por internet. Al tratarse de imágenes, se comprimirán para que pesen menos, viéndose afectada su calidad. Esa es la razón por la que a veces tu logotipo no se ve con la suficiente nitidez.

Illustrator es el programa vectorial que suelen usar los profesionales, pero existen alternativas que te permitirán trabajar las imágenes en formato vectorial y de manera gratuita. Inkscape y Gravit Designer.

2. Mala elección de la fuente tipográfica

Las fuentes tipográficas son letras diseñadas con un estilo común. Inicialmente, cuando en el siglo XV Guttenberg invento los primeros tipos móviles para mecanizar el sistema de creación de libros, las tipografías imitaban el estilo manuscrito de los copistas. Posteriormente, los diferentes estilos y familias tipográficas se fueron adaptando a los avances tecnológicos y sociales de cada época.

Normalmente no somos conscientes de la relación estrecha que existe entre un estilo tipográfico y las emociones y sensaciones psicológicas que experimentamos al verlo. Estas asociaciones no son casuales, ni son producto de un capricho. Por ejemplo: todos tenemos en nuestra mente los famosos carteles del Salvaje Oeste americano. Las tipografías que usaban entonces son fácilmente identificables porque coinciden con el uso de unos tipos muy determinados de madera, desarrollados mayoritariamente en los EEUU y que coinciden con la expansión geográfica y comercial que tuvo lugar durante el siglo XIX.

Es decir, la propia estructura interna de las letras, junto a las características particulares de su estilo y el momento histórico en el que aparecieron, determina unos reacciones mentales u otras. Si quieres profundizar en este tema te recomiendo leer: El pensamiento tipográfico moderno. Monográfica.org

Por lo tanto, ignorar esas asociaciones mentales que tenemos fuertemente ancladas en nuestra psique no parece lo más sensato. La tipografía determina la personalidad de un texto independientemente de su contenido, lo cual los diseñadores aprovechamos para apoyar ciertos significados. Una mala elección puede convertir en un fracaso nuestro logotipo.

3. Mala elección del color

Tampoco podemos negar la estrecha relación que existe entre el color y las sensaciones. Los seres humanos vemos en color porque la visión a color ofrecía a nuestros ancestros una ventaja para la supervivencia. La visión a color ayuda a distinguir objetos y estructuras en el espacio. Nuestra forma de percibir y procesar los colores es consecuencia de esa evolución.

A lo largo de la historia de la humanidad, las experiencias e influencias han ido configurando un cúmulo de sensaciones asociadas a colores, primero desde un aspecto puramente vital, conectado a la naturaleza. Es fácil imaginar a los primeros homínidos sintiendo una alegría desbordante ante los rayos anaranjados del amanecer (el naranja se asocia con alegría). Pero por supuesto, y de una forma mucha más directa, desde el contexto cultural y social que cada cultura imprime a sus miembros.

El efecto que provoca un color en nosotros viene determinado por dos variable, la primera por el contexto en el que encontramos dicho color (los colores no son percibidos de forma aislada) y segundo por la conexión de ese color a las diferentes asociaciones que le atribuimos.

De esta forma, y aunque pueda parecer una simplificación, cada color tiene unas asociaciones representativas comúnmente aceptadas.

Por lo tanto, el uso del color es una poderosa herramienta para las marcas y las empresas. El color permite que la audiencia te perciba de una manera u otra.

4. Diseño complejo no reproducible en tamaños reducidos o en otros soportes

Por norma general, cuanto más simple es un logotipo mejor, más fácil será para el observador interpretarlo y retenerlo en la memoria, no olvidemos que el objetivo principal de un logotipo es permitir a la audiencia la identificación de la entidad a la que representa.

Más allá de la complejidad gráfica, es cierto que existen logotipos más o menos complejos que funcionan realmente bien, hay un factor puramente práctico que debemos tener en cuenta: la reproducción a tamaños reducidos.

Efectivamente, cuanto más complejo sea un logotipo más complicada es su reproducción. Si está lleno de detalles se perderán y empastaran, por no hablar de las dificultades de reproducción en determinados soportes.

Si crees que un logotipo complejo encaja con tu negocio deberás hacer pruebas, establecer el tamaño mínimo de reproducción, o en casos extremos, generar una opción simplificada para las situaciones en las que sea necesario.

5. Formas inadecuadas e incoherencias

La coherencia es uno de los elementos esenciales en la construcción de una identidad corporativa. El logotipo debe guardar relación con la imagen de la empresa a la que representa y la tipografía debe estar acorde. Esto no debemos entenderlo como inmovilismo o rechazo a la innovación, todo lo contrario. Debemos ser atrevidos y diferenciarnos, pero siempre desde la comprensión del sector en el que nos movemos. Por ejemplo: si somos un bufete de abogados, nuestro logotipo será difícilmente interpretable por nuestra audiencia si contiene el rostro de un payaso.

6. Parecerse demasiado a otros o seguir la tendencia de moda

Los seres humanos tendemos a la imitación como un mecanismo de supervivencia, tendemos a emular aquello que se ha demostrado funciona y es eficaz. Sin embargo, que tu imagen corporativa se parezca a la de otra empresa puede ser nefasto. Siempre serás una copia y estarás destinado a ser, en el mejor de los casos, la segunda opción. Copiar lo que a otros les funciona solo nos posicionará como meros imitadores.

Tu logotipo debe de conectar con tu negocio, debe ser único y debe identificarte sin ambigüedades. En ocasiones, los usos y costumbres de lo que tradicionalmente se hace en un sector en muy grande y de forma involuntaria tendemos a repetir esquemas y comportamientos. Por otro lado nos dejamos llevar por la tendencia actual, el momento o el recurso gráfico de moda.

Es necesario hacer un ejercicio de reflexión y pensar a largo plazo. Huir de las tendencias del momento y apostar por una gráfica que pueda mantenerse en el tiempo. Para ello es fundamental prescindir de todo lo que sea secundario, centrarse en lo esencial. Solo de esa forma podremos construir un logotipo que cumpla su cometido.

7. Desequilibrio entre las partes

El equilibrio es un concepto escurridizo, se trata de la apreciación subjetiva en la que los pesos y tensiones visuales de los diferentes elementos de una composición, en nuestro caso de un logotipo, se compensan anulándose entre sí.

Las proporciones, la forma, el tamaño y el espacio negativo entre otros elementos son los ladrillos que conforman el equilibrio de una composición.

Esto no significa que en busca de ese supuesto equilibrio la composición deba ser aburrida o inerte, en ocasiones se busca un desequilibrio intencionado para lograr unos resultados específicos que vayan en consonancia con la actividad que desarrolla la empresa.

8. Usar prediseños ya hechos e imágenes de stock

En internet podemos encontrar cientos de lugares en los que nos ofrecen logotipos ya hechos. Lo único que tenemos que hacer es poner en ellos el nombre de nuestra empresa. Si estás pensando en recurrir a este tipo de recursos para ahorrarte un dinero te lo desaconsejo totalmente. Tu logotipo será igual al de otros muchos y te lo podrás encontrar en cualquier parte. Tu imagen se verá barata, poco cuidada y poco profesional, lo que provocará el efecto contrario al que deseas.

 

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